Publicado el 10/07/2008 por Tote
No sé si será el caso de algunos y algunas de vosotros, pero algunas de mis compañeras y compañeros, sobre todo las que trabajan en locales de jóvenes, tienen este problema. Sus programas, según las instituciones, son necesarios durante el curso escolar, es decir, entre octubre y junio y en verano al no ser precisa su existencia, se prescinde de sus servicios. Dicho así, queda muy bonito, pero la realidad es que están al menos dos meses con vacaciones, pero con vacaciones no pagadas, con vacaciones forzosas. Por un lado, ellas verbalizan que está muy bien tener esas vacaciones largas, pero por otro, como está claro, el no tener un sueldo esos meses, les limita mucho en cuanto a sus planes. Te comentan, que si se quieren ir de casa, cómo lo van a hacer, que tienen gastos y que no les da. Vamos, que muchas de ellas, acaban buscándose un trabajillo para el verano para cubrir ese vacío presupuestario. Y de todo hay: muchas emprenden la aventura de campamentos, de colonias urbanas otras y si acaso sustituyen algún educador o educadora por las vacaciones estivales en algún centro o quizá una casa de acogida. Como os haréis una idea, esta situación acaba por cansar a la mayoría. Esa incertidumbre de si seguiremos en octubre o si no contarán con nosotros, que no siempre es seguro, hace que muchas profesionales no se comprometan con el trabajo e intenten buscar mejor suerte en el mundo laboral.
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