infocsr
infopatrocinios.com Agrega tu blog
Búsqueda de Buscar

Más sobre la estupidez humana bienintencionada

Publicado Publicado el 25/11/2007 por Manuel Carneiro Caneda

En estos últimos tiempos nos vemos sorprendidos cada vez más por noticias sobre actuaciones cuestionables en las que se ven involucradas las ONG. El penúltimo y complejo caso lo ha protagonizado el “rescate humanitario” planteado por una organización auto titulada “El Arca de Zoé” capitaneada por el francés Eric Breteau. Advertimos, va de arrogancia, no sólo de estupidez. La cuestión arranca en la conflictiva zona de Darfur en la línea fronteriza entre los africanos Chad y Sudán. Con el supuesto “noble” objetivo de salvar a 10.000 niños menores de cinco años de su catastrófica existencia en una de las zonas más devastadas del planeta, identificados como huérfanos de padre y madre y carentes de familia cercana para trasladarlos a Europa, Estados Unidos y el Canadá, se pretendió llevar a cabo un primer salvamento con 103 afortunados niños facturándolos en un avión de tripulación española. El visionario, carismático y obnubilado líder de la anteriormente mencionada organización obvió los procedimientos legales considerándolos meras cuestiones administrativas de orden menor; lo importante era puntuar en este encuentro que parece estar disputándose entre las multinacionales de la bondad. Y en estos momentos, fruto de esta actuación de bienintencionada estupidez tintada de cierta arrogancia etnocéntrica, varios países se encuentran en una difícil situación diplomática. Consecuencias de la tan sobrevalorada buena fe. Pero, por extraño que pudiera parecer, este comportamiento no sólo es privativo de los seres humanos. También otras especies cometen torpezas más o menos bien intencionadas en aras de un objetivo supuestamente benéfico. Hasta hace poco más de dos décadas, se consideraba que la capacidad de concebir al prójimo como tal era un comportamiento privativo de los seres humanos. Recientes estudios plantean que la facultad para el reconocimiento de los otros en sociedad también se da, aunque no en una fase totalmente desarrollada, en los primates no humanos: así también ellos parecen ser capaces de valorar de una forma diferenciada la situación psicosocial de otros miembros del grupo y utilizar este saber para actuar en consecuencia, sobre todo en interés propio. Y de forma muy peculiar este comportamiento fue detectado por el primatólogo Andreas Paul en el gran centro al aire libre de Macaca Sylvanus cerca del lago de los Cuatro Cantones dedicado al cuidado de los macacos. Observó como los machos del grupo se hacen cargo y portean a las crías utilizándolas como “instrumentos sociales” con el objetivo de reducir tensiones y evitar así el riesgo de enfrentamientos agresivos entre ellos. Habitualmente las relaciones entre los machos suelen ser tensas, compitiendo constantemente por el favor de las hembras. Pero, en muchas ocasiones, dos machos comparten incluso el cuidado de los bebés recién nacidos aún no siendo hijos suyos. Como plantea Paul, “utilizan a los bebés macacos que por su estrecha relación con el otro individuo parecen indicados para provocar en él un comportamiento amistoso o un efecto calmante.” Después de una exitosa misión en la zona de Banda Aceh en Indonesia posterior a la catástrofe del tsunami del año 2004, y con el objetivo beatífico de salvación personal y colectiva en un mundo en apocalíptico trance de desaparición, el iluminado aunque eso si sincero Eric Breteau encontró una nueva prueba de su verdad: salvar a los huérfanos de Darfur. Pero la nueva misión se volvió en su contra. Aplicado a la RSE, nos encontramos que, en aras de la buena intención que se espera subyazca en el actuar empresarial así como en el interés de preservar al máximo las leyes de libre mercado, constantemente se milita contra algún tipo de regulación. Pero la ley aplicable a cuestiones sobre la RSE no tiene que legislar sobre intenciones, sobre bondades previas, sino sobre el actuar empresarial final, sobre hechos y resultados y no sobre intenciones, sobre todo las buenas. Puede y debe obrar en la posibilidad de que estas obtengan algún tipo de beneficio por haber contribuido al bienestar social. De no ser así, seguiremos considerando que los proyectos realizados en clave de responsabilidad social por parte de las empresas, sólo por el hecho de presentar buenas razones y éticas intenciones han de ser aceptables y aceptados; sobre todo cuando se aplican a las ONG. Pues no necesariamente.

Etiquetas RSE