Publicado el 20/05/2009 por Olga
El otro día discutimos. Le preguntaba a Raquel alguna cosa. El resto reía. Me cansé. - No me parece bien que os riáis de las demás. De las que menos saben. Me da igual quién se haya reído. En el jaleo, Raquel dijo algo en árabe. Siguieron riendo. - Me parece una falta de respeto -añadí-. Así no se va a animar a aprender nada. Cuando volvíamos a casa, Aida me explicó algo: - Raquel está sola en casa. Cuatro hijos. Viuda. El único momento en el que ríe es este rato. En árabe te decía: “Pero déjame reír un rato”. Desde luego, todas nos relacionamos muy “lost in traslation”… Me dejó pensando. Siempre nos lo pasamos bien en clase. No puede decir que sea seria, ¡¡por favor!! Lo que necesitan estas mujeres son cosas muy diferentes: para aprender castellano oral, para la alfabetización (saber escribir y leer), para relacionarse… El objetivo principal del voluntariado -así me dijeron- es la alfabetización, aunque también tocamos las otras dos cosas, no es suficiente. Hoy ha continuado el capítulo. Raquel hacía de profe. Tenía que preguntarle a cada alumna. Cada una tenía una hoja con viñetas. La pregunta era simple: ¿Qué hace la niña? ¿Qué hace el niño? A pesar de que le he ayudado, en las 31 veces que ha tenido que repetir la pregunta… no lo ha hecho bien. Además, preguntaba con un tono extraño. Las demás reían. Yo, a lo mío. De repente, la hija de Raquel ha pedido la palabra. - No me parece bien que os riáis de mi madre. Está aprendiendo Tiene siete años. - ¡Tu madre también se ríe! -ha respondido el resto. - Dile a tu madre que estoy de acuerdo contigo -le he dicho a la niña-, que está bien pasárselo bien, pero que si no tiene confianza y se ríe, no va a aprender nada. Se lo tiene que tomar un poco más en serio. La niña ha respondido temerosa: - Vale… ¡¡pero se lo digo en casa!!
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