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TODOS CON EL SAHARA

Publicado Publicado el 07/05/2008 por Centro de Iniciativas para la Cooperación. http://www.blogger.com/profile/16873234513983900358 noreply@blogger.com

PARA FIRMAR PINCHA AQUà ¡ÚNETE CON TU FIRMA! Manifiesto Los participantes de la 5ª edición del festival del Sahara han estado en uno de los campamentos de refugiados saharauis donde se vive un drama humanitario. La situación empeora año tras año. El proceso de paz está bloqueado y eso afecta especialmente a los más débiles. Mujeres, niños y ancianos. Hay 200.000 personas que fueron españolas abandonadas en el desierto desde hace 33 años. Es urgente que la ciudadanía ayude a devolver la libertad a el pueblo saharaui. Por eso pedimos al gobierno de España que reconozca el status diplomático del frente polisario. Hoy se pone en marcha una plataforma de recogida de firmas para conseguir que esto sea posible entre todos. Firmado: Los miembros de la plataforma TODOS CON EL SAHARA

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EL IMPERIO DEL CONSUMO

Publicado Publicado el 02/04/2008 por Centro de Iniciativas para la Cooperación. http://www.blogger.com/profile/16873234513983900358 noreply@blogger.com

Por: Eduardo Galeano El derecho al derroche, privilegio de pocos, dice ser la libertad de todos. Esta civilización no deja dormir a las flores, ni a las gallinas, ni a la gente. En los invernaderos, las flores están sometidas a luz continua, para que crezcan más rápido. En las fábricas de huevos, las gallinas también tienen prohibida la noche. Y la gente está condenada al insomnio, por la ansiedad de comprar y la angustia de pagar. La explosión del consumo en el mundo actual mete más ruido que todas las guerras y arma más alboroto que todos los carnavales. Como dice un viejo proverbio turco, quien bebe a cuenta, se emborracha el doble. La parranda aturde y nubla la mirada; esta gran borrachera universal parece no tener límites en el tiempo ni en el espacio. Pero la cultura de consumo suena mucho, como el tambor, porque está vacía; y a la hora de la verdad, cuando el estrépito cesa y se acaba la fiesta, el borracho despierta, solo, acompañado por su sombra y por los platos rotos que debe pagar. La expansión de la demanda choca con las fronteras que le impone el mismo sistema que la genera. El sistema necesita mercados cada vez más abiertos y más amplios, como los pulmones necesitan el aire, y a la vez necesita que anden por los suelos, como andan, los precios de las materias primas y de la fuerza trabajo. El sistema habla en nombre de todos, a todos dirige sus imperiosas órdenes de consumo, entre todos difunde la fiebre compradora; pero ni modo: Para casi todos, esta aventura comienza y termina en la pantalla del televisor. La mayoría, que se endeuda para tener cosas, termina teniendo nada más que deudas para pagar deudas que generan nuevas deudas, y acaba consumiendo fantasías que a veces materializa delinquiendo. El derecho al derroche, privilegio de pocos, dice ser la libertad de todos. Dime cuánto consumes y te diré cuánto vales. Esta civilización no deja dormir a las flores, ni a las gallinas, ni a la gente. En los invernaderos, las flores están sometidas a luz continua, para que crezcan más rápido. En las fábricas de huevos, las gallinas también tienen prohibida la noche. Y la gente está condenada al insomnio, por la ansiedad de comprar y la angustia de pagar. Este modo de vida no es muy bueno para la gente, pero es muy bueno para la industria farmacéutica. EEUU consume la mitad de los sedantes, ansiolíticos y demás drogas químicas que se venden legalmente en el mundo, y más de la mitad de las drogas prohibidas que se venden ilegalmente, lo que no es moco de pavo si se tiene en cuenta que EEUU apenas suma el cinco por ciento de la población mundial. «Gente infeliz, la que vive comparándose», lamenta una mujer en el barrio del Buceo, en Montevideo. El dolor de ya no ser, que otrora cantara el tango, ha dejado paso a la vergüenza de no tener. Un hombre pobre es un pobre hombre. «Cuando no tenés nada, pensás que no valés nada», dice un muchacho en el barrio Villa Fiorito, de Buenos Aires. Y otro comprueba, en la ciudad dominicana de San Francisco de Macorís: «Mis hermanos trabajan para las marcas. Viven comprando etiquetas, y viven sudando la gota gorda para pagar las cuotas». Invisible violencia del mercado: la diversidad es enemiga de la rentabilidad, y la uniformidad manda. La producción en serie, en escala gigantesca, impone en todas partes sus obligatorias pautas de consumo. Esta dictadura de la uniformización obligatoria es más devastadora que cualquier dictadura del partido único: impone en el mundo entero, un modo de vida que reproduce a los seres humanos como fotocopias del consumidor ejemplar. El consumidor ejemplar es el hombre quieto. Esta civilización, que confunde la cantidad con la calidad, confunde la gordura con la buena alimentación. Según la revista científica The Lancet, en la última década la «obesidad severa» ha crecido casi un 30 % entre la población joven de los países más desarrollados. Entre los niños norteamericanos, la obesidad aumentó en un 40% en los últimos dieciséis años, según la investigación reciente del Centro de Ciencias de la Salud de la Universidad de Colorado. El país que inventó las comidas y bebidas light, los diet food y los alimentos fat free, tiene la mayor cantidad de gordos del mundo. El consumidor ejemplar sólo se baja del automóvil para trabajar y para mirar televisión. Sentado ante la pantalla chica, pasa cuatro horas diarias devorando comida de plástico. Triunfa la basura disfrazada de comida: Esta industria está conquistando los paladares del mundo y está haciendo trizas las tradiciones de la cocina local. Las costumbres del buen comer, que vienen de lejos, tienen, en algunos países, miles de años de refinamiento y diversidad, y son un patrimonio colectivo que de alguna manera está en los fogones de todos y no sólo en la mesa de los ricos. Esas tradiciones, esas señas de identidad cultural, esas fiestas de la vida, están siendo apabulladas, de manera fulminante, por la imposición del saber químico y único: la globalización de la hamburguesa, la dictadura de la fast food. La plastificación de la comida en escala mundial, obra de McDonald's, Burger King y otras fábricas, viola exitosamente el derecho a la autodeterminación de la cocina: sagrado derecho, porque en la boca tiene el alma una de sus puertas. El campeonato mundial de fútbol del 98 nos confirmó, entre otras cosas, que la tarjeta MasterCard tonifica los músculos, que la Coca-Cola brinda eterna juventud y que el menú de McDonald's no puede faltar en la barriga de un buen atleta. El inmenso ejército de McDonald's dispara hamburguesas a las bocas de los niños y de los adultos en el planeta entero. El doble arco de esa M sirvió de estandarte, durante la reciente conquista de los países del Este de Europa. Las colas ante el McDonald's de Moscú, inaugurado en 1990 con bombos y platillos, simbolizaron la victoria de Occidente con tanta elocuencia como el desmoronamiento del Muro de Berlín. Un signo de los tiempos: Esta empresa, que encarna las virtudes del mundo libre, niega a sus empleados la libertad de afiliarse a ningún sindicato. McDonald's viola, así, un derecho legalmente consagrado en los muchos países donde opera. En 1997, algunos trabajadores, miembros de eso que la empresa llama la Macfamilia, intentaron sindicalizarse en un restorán de Montreal en Canadá: el restorán cerró. Pero en el 98, otros empleados de McDonald's, en una pequeña ciudad cercana a Vancouver, lograron esa conquista, digna de la Guía Guinness. Las masas consumidoras reciben órdenes en un idioma universal: la publicidad ha logrado lo que el esperanto quiso y no pudo. Cualquiera entiende, en cualquier lugar, los mensajes que el televisor transmite. En el último cuarto de siglo, los gastos de publicidad se han duplicado en el mundo. Gracias a ellos, los niños pobres toman cada vez más Coca-Cola y cada vez menos leche, y el tiempo de ocio se va haciendo tiempo de consumo obligatorio. Tiempo libre, tiempo prisionero: las casas muy pobres no tienen cama, pero tienen televisor, y el televisor tiene la palabra... Comprado a plazos, ese animalito prueba la vocación democrática del progreso: a nadie escucha, pero habla para todos. Pobres y ricos conocen, así, las virtudes de los automóviles último modelo, y pobres y ricos se enteran de las ventajosas tasas de interés que tal o cual banco ofrece. Los expertos saben convertir a las mercancías en mágicos conjuntos contra la soledad. Las cosas tienen atributos humanos: acarician, acompañan, comprenden, ayudan, el perfume te besa y el auto es el amigo que nunca falla. La cultura del consumo ha hecho de la soledad el más lucrativo de los mercados. Los agujeros del pecho se llenan atiborrándolos de cosas, o soñando con hacerlo. Y las cosas no solamente pueden abrazar: ellas también pueden ser símbolos de ascenso social, salvoconductos para atravesar las aduanas de la sociedad de clases, llaves que abren las puertas prohibidas. Cuanto más exclusivas, mejor: Las cosas te eligen y te salvan del anonimato multitudinario. La publicidad no informa sobre el producto que vende, o rara vez lo hace. Eso es lo de menos. Su función primordial consiste en compensar frustraciones y alimentar fantasías: ¿En quién quiere usted convertirse comprando esta loción de afeitar? El criminólogo Anthony Platt ha observado que los delitos de la calle no son solamente fruto de la pobreza extrema. También son fruto de la ética individualista. La obsesión social del éxito, dice Platt, incide decisivamente sobre la apropiación ilegal de las cosas. Yo siempre he escuchado decir que el dinero no produce la felicidad; pero cualquier televidente pobre tiene motivos de sobra para creer que el dinero produce algo tan parecido, que la diferencia es asunto de especialistas. Según el historiador Eric Hobsbawm, el siglo XX puso fin a siete mil años de vida humana centrada en la agricultura desde que aparecieron los primeros cultivos, a fines del paleolítico. La población mundial se urbaniza, los campesinos se hacen ciudadanos. En América Latina tenemos campos sin nadie y enormes hormigueros urbanos: las mayores ciudades del mundo, y las más injustas. Expulsados por la agricultura moderna de exportación, y por la erosión de sus tierras, los campesinos invaden los suburbios. Ellos creen que Dios está en todas partes, pero por experiencia saben que atiende en las grandes urbes. Las ciudades prometen trabajo, prosperidad, un porvenir para los hijos. En los campos, los esperadores miran pasar la vida, y mueren bostezando; en las ciudades, la vida ocurre, y llama. Hacinados en tugurios, lo primero que descubren los recién llegados es que el trabajo falta y los brazos sobran, que nada es gratis y que los más caros artículos de lujo son el aire y el silencio. Mientras nacía el siglo XIV, fray Giordano da Rivalto pronunció en Florencia un elogio de las ciudades. Dijo que las ciudades crecían «porque la gente tiene el gusto de juntarse». Juntarse, encontrarse. Ahora, ¿quién se encuentra con quién? ¿Se encuentra la esperanza con la realidad? El deseo, ¿se encuentra con el mundo? Y la gente, ¿se encuentra con la gente? Si las relaciones humanas han sido reducidas a relaciones entre cosas, ¿cuánta gente se encuentra con las cosas? El mundo entero tiende a convertirse en una gran pantalla de televisión, donde las cosas se miran pero no se tocan. Las mercancías en oferta invaden y privatizan los espacios públicos. Las estaciones de autobuses y de trenes, que hasta hace poco eran espacios de encuentro entre personas, se están convirtiendo ahora en espacios de exhibición comercial. El shopping center, o shopping mall vidriera de todas las vidrieras, impone su presencia avasallante. Las multitudes acuden, en peregrinación, a este templo mayor de las misas del consumo. La mayoría de los devotos contempla, en éxtasis, las cosas que sus bolsillos no pueden pagar, mientras la minoría compradora se somete al bombardeo de la oferta incesante y extenuante. El gentío, que sube y baja por las escaleras mecánicas, viaja por el mundo: los maniquíes visten como en Milán o París y las máquinas suenan como en Chicago, y para ver y oír no es preciso pagar pasaje. Los turistas venidos de los pueblos del interior, o de las ciudades que aún no han merecido estas bendiciones de la felicidad moderna, posan para la foto, al pie de las marcas internacionales más famosas, como antes posaban al pie de la estatua del prócer en la plaza. Beatriz Solano ha observado que los habitantes de los barrios suburbanos acuden al center, al shopping center, como antes acudían al centro. El tradicional paseo del fin de semana al centro de la ciudad, tiende a ser sustituido por la excursión a estos centros urbanos. Lavados y planchados y peinados, vestidos con sus mejores galas, los visitantes vienen a una fiesta donde no son convidados, pero pueden ser mirones. Familias enteras emprenden el viaje en la cápsula espacial que recorre el universo del consumo, donde la estética del mercado ha diseñado un paisaje alucinante de modelos, marcas y etiquetas. La cultura del consumo, cultura de lo efímero, condena todo al desuso mediático. Todo cambia al ritmo vertiginoso de la moda, puesta al servicio de la necesidad de vender. Las cosas envejecen en un parpadeo, para ser reemplazadas por otras cosas de vida fugaz. Hoy que lo único que permanece es la inseguridad, las mercancías, fabricadas para no durar, resultan tan volátiles como el capital que las financia y el trabajo que las genera. El dinero vuela a la velocidad de la luz: ayer estaba allá, hoy está aquí, mañana quién sabe, y todo trabajador es un desempleado en potencia. Paradójicamente, los shoppings centers, reinos de la fugacidad, ofrecen la más exitosa ilusión de seguridad. Ellos resisten fuera del tiempo, sin edad y sin raíz, sin noche y sin día y sin memoria, y existen fuera del espacio, más allá de las turbulencias de la peligrosa realidad del mundo. Los dueños del mundo usan al mundo como si fuera descartable: una mercancía de vida efímera, que se agota como se agotan, a poco de nacer, las imágenes que dispara la ametralladora de la televisión y las modas y los ídolos que la publicidad lanza, sin tregua, al mercado. Pero, ¿a qué otro mundo vamos a mudarnos? ¿Estamos todos obligados a creernos el cuento de que Dios ha vendido el planeta a unas cuantas empresas, porque estando de mal humor decidió privatizar el universo? La sociedad de consumo es una trampa cazabobos. Los que tienen la manija simulan ignorarlo, pero cualquiera que tenga ojos en la cara puede ver que la gran mayoría de la gente consume poco, poquito y nada necesariamente, para garantizar la existencia de la poca naturaleza que nos queda. La injusticia social no es un error a corregir, ni un defecto a superar: Es una necesidad esencial. No hay naturaleza capaz de alimentar a un shopping center del tamaño del planeta.

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Noche en reflexión por un mundo sin guerras

Publicado Publicado el 05/03/2008 por Centro de Iniciativas para la Cooperación. http://www.blogger.com/profile/16873234513983900358 noreply@blogger.com

NOCHE DE VIGILIA Y REFLEXIÓN 8 DE MARZO a partir de las 20:00h NO A LA GUERRA Frente al consulado de EE.UU en Plaza Nueva Se ruega vengan de luto con un palestino y con velas

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NO a la GUERRA

Publicado Publicado el 03/03/2008 por Centro de Iniciativas para la Cooperación. http://www.blogger.com/profile/16873234513983900358 noreply@blogger.com

MANIFESTACIÓN en Sevilla: Sabado 15 de marzo de 2008 · 12h · Plaza del Altozano (Triana) El 8 de marzo habrá una noche de vigilia frente al consulado de EE.UU (en Plaza nueva) a partir de las 8:00 de la tarde. Se ruega ir vestidos de negro y con velas. Tropas fuera de Irak y de Afganistán Fin del genocidio en Palestina Ninguna agresión contra Irán Convoca: Foro Social de Sevilla / www.forosocialsevilla.org Más manifestaciones en todo el mundo

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PLANES DE BOLONIA: ATAQUE FRONTAL A LA UNIVERSIDAD PÚBLICA

Publicado Publicado el 03/03/2008 por Centro de Iniciativas para la Cooperación. http://www.blogger.com/profile/16873234513983900358 noreply@blogger.com

JUEVES 6 de marzo ¡ Todos a la Calle ! SEVILLA: 12 H. FRENTE al RECTORADO ¿Qué son los planes de Bolonia? Estos planes nos han sido presentados a los estudiantes como una modernización de la enseñanza, con el objetivo de crear una educaciónuniversitaria común en toda Europa. Estas bonitas palabras son la cortina de humo para ocultarnos un proceso de elitización y privatización de la universidad. Olvidemos los discursos para la galería y veamos lo que realmente se está implantando. El pasado 26 de Octubre se aprobó el Real Decreto Ordenación de Enseñanzas Universitarias, que introduce los siguientes cambios en la universidad. Para empezar, se acabaron las diplomaturas y las licenciaturas. En los próximos cursos se implantará el Grado, que en vez de 5 años durará sólo 4. Si ya en la actualidad muchísimos licenciados tienen enormes problemas para encontrar un trabajo que les permita emanciparse, conuna formación aún menor seremos más carne de contrato basura. Y a la reducción de un año de estudios se añade que en algunas ramas, como enlas ciencias, se está planteando que el primer año sea común a todas. Es decir, los físicos estudiarán el primer año de grado lo mismo quelos biólogos, por lo que los físicos estudiarán menos física y losbiólogos menos biología. La deficiente y compactada preparación del Grado se completaría con el Posgrado, de uno o dos años que será el equivalente del actual master, lo que significa que muy pocos podrán pagárselo. El resultado de todoesto es que saldremos de la universidad con una formación más básica y por lo tanto el mercado laboral será más duro, con peores salarios y condiciones de trabajo. En algunas universidades, como en la Pablo deOlavide de Sevilla, ya estamos sufriendo el llamado Eurocrédito. Ahora ya no solo tenemos que pagar por las clases que recibimos en la universidad pública, sino pagar por Eurocréditos, que incluyen el tiempo que estamos en tutorías, en la biblioteca, o incluso en casa. Puede sonar ridículo, pero así es. En algunas carreras en las que antes se daba clase de lunes a viernes, ahora solo se da de lunes a jueves. Y en vez de abaratarse la matrícula, se ha encarecido. Además, el eurocrédito establece una gran cantidad de clases de asistencia obligatoria, lo que supone que el que no pueda permitirse ser estudiante a tiempo completo, como los que tienen que trabajar para pagarse los estudios, tendrán que dejar la universidad. Si las empresas ya condicionan indirectamente lo que nos enseñan en nuestras carreras, ahora lo harán aun más y de manera directa. Los empresarios pasarán a tener voz y voto en los Consejos que deciden los planes de estudio, lo que favorece que aprendamos solo lo que a ellos les convenga para que los enriquezcamos con nuestro trabajo en el futuro. El actual sistema de becas va a ser sustituído por las becas-prestamo. Si ya las becas son escasas, y los estudios van a encarecerse con el Eurocrédito, ahora las becas que recibamos serán realmente préstamos que tendremos que devolver. Por si las asfixiantes hipotecas quepagamos para engordar a los empresarios de la banca y la especulación inmobiliaria no fueran suficientes, ahora los jóvenes tendremos que pagar una universidad más cara, u obtener una beca con la que estaremos endeudados antes siquiera de acabar nuestra formación y haber pensado en independizarnos. Y todo esto en el mejor de los casos. Si tu carrera no es rentable para el mercado, disminuirá progresivamente su financiación por lo que tenderá a desaparecer o a quedar reducida a un amago de carrera. Más concretamente, la Ley de Financiación Universitaria de la Junta deAndalucía establece un reparto de la financiación según criterios como cuantos titulados formen una empresa propia en los tres años siguientes a su graduación. Filosofía, las Filologías, Humanidades,Historia, y muchas otras verán radicalmente disminuída su financiación, lo que devaluará aun más su calidad o incluso las hará desaparecer.

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